Si la pregunta fuera “¿Quién era Jesús?” Las respuestas serían obvias: “Jesús fue un carpintero, un maestro o un profeta”. Tales respuestas no exigen la fe o la humillación. Sin embargo, la pregunta “¿Quién es Jesús?”requiere de una respuesta bastante diferente. ¿Quién puede responder a esta pregunta? Una persona honesta diría “No puedo responder a esta pregunta, porque no conozco a Jesús como si fuera una persona que está viva hoy”. Aunque pueda parecer muy raro, este mismo dilema existió en el momento en que Jesús caminó sobre la tierra en forma corporal.

 

Uno pensaría que los que conocieron a Jesús, en su tiempo, podrían perfectamente haber contestado alguna pregunta acerca de su identidad. Sin embargo, para muchos de los que vieron su cara y oyeron sus palabras, entendieron  respuestas que fueron completamente  opuestas a la declaración que Jesús dio de sí mismo (Jn.7: 20 / 8:48). Muchos vieron a Jesús sólo como el hijo de un mecenas local; incluso otros dijeron que era un borracho (Mat.13: 55, Mat.11: 19/Lc.7: 34). Los eruditos judíos debieron haber sido los más familiarizados con las afirmaciones del Antiguo Testamento sobre Jesús, pero en cambio, afirmaron que Jesús era “un blasfemo”, que tenía “un demonio”, o que incluso estaba “loco” (Mat.9: 3 / Mat.26: 65 / Jn.10: 20). Sin embargo, cuando el gobernante pagano Poncio Pilato interrogó a Jesús frente a frente, insistió en afirmar “no hay mal en este hombre…” (Mat.26: 63, 27:23 / Lc.23: 4).

 

Entonces, ¿cuál fue exactamente el mal  que la mayoría de la gente vio en Jesús para  pedirle a  Pilatos que le crucificase?” (Mat.27: 22) Lo que queda muy claro tanto en el pasado como en el presente, es que cada individuo es responsable de su propia respuesta a Jesús; Él dijo exactamente lo mismo a todos los hombres. Sin embargo, las personas de cada generación, interpretan de manera totalmente diferente Su palabra. Así, comienza una búsqueda para descubrir tanto un misterio como una conspiración.

 

Ninguna otra persona en la historia ha sido el origen de tantas respuestas contradictorias y una confusión tan monumental, como la que Jesús originó en tan sólo tres años de vida pública. La última cuestión se refiere, ya no a su identidad física en ese tiempo establecido para su existencia terrenal, sino a la afirmación que Jesús hizo de ser Dios Todopoderoso en la carne, en cuyo caso seguramente estaría vivo hoy en día. Jesús dijo: “El que me ve a mí ha visto al Padre” (Jn.14: 9). En medio de una confrontación Jesús dijo “Antes que Abraham fuese, yo soy” (Jn. 8, 58). Para eliminar cualquier duda, también Él afirmo “Yo y el Padre Somos uno(Jn.10: 30). Cuando Jesús perdonó los pecados de un hombre, la multitud respondió “¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?” (Lc.5: 21). Estaba claro para las personas de su tiempo, que Jesús se consideró a sí mismo  como nada menos que el Dios Todopoderoso (Jn.1: 1 ,18 / Jn.10:30 ,38). Así pues, la  única razón por la que los judíos lo sentencian a ser ejecutado, se fundamenta en que aquellos,  como expertos en los asuntos religiosos,  llegaron a comprender que él  “… estaba haciéndose igual a Dios” (Jn.5: 18).

 

Hoy en día, muchas personas dicen que la muerte de Jesús estaba predestinada por su Padre,  y que en efecto, los hombres no tenía nada que ver con eso. Era como si la gente del tiempo de Jesús hubiera sido obligada por un poder mayor que involuntariamente los atrapó en aquel  extraño evento. En realidad no es así;  no existía tal “magia escondida” obligando a los hombres a matar a Jesús. Él mismo explicó: “La luz ha venido al mundo… y los hombres amaron más las tinieblas” (Jn.3: 19). Todos los hombres rechazan a Jesús (Jn.15: 24). Él dijo: “El mundo me odia porque yo doy un testimonio que es malo…” y “me aborrecieron sin motivo” (Jn.15: 25). Setecientos años antes de que Jesús naciera, Isaías profetizó los detalles de las características de Jesús (Is.53). La revelación bíblica de Jesús y sus discípulos, es radicalmente distinta a la representación que hoy en día los ministros de cualquier denominación en particular, presentan con palabras muy  dulces y sutiles. Acerca de su propia identidad, Jesús dijo ser “el Pan de Vida”, “Agua Viva”, “La Vid”, “El Buen Pastor”, “la Puerta”, “la piedra que desecharon los arquitectos”, “el camino, la verdad y la vida “, y “YO SOY EL QUE SOY “, etc. (Jn.6: 35 / 07:37 ff, Jn.10: 7,9, 11/15: 1 / 14: 6 / 8: 58) . ¿Estas declaraciones no revelan algo acerca de la identidad divina de Jesús?

 

¿Quién ES Jesús? Antes de poder responder a esta pregunta, deberías empezar por responder “¿Quién eres tú?” Para entender al hombre que es Dios, primero debes comprender que tú mismo eres un hombre de pecado. Pedro podía “ver” a Jesús como el Hijo de Dios porque antes declaró “Yo soy un hombre malo” (Lc.5: 8). Cuando Jesús preguntó a sus discípulos acerca de su identidad, Pedro fue el único que gritó “el Hijo de Dios” (Mt.16: 16). Solo cuando logres reconocer  que tú no eres nada, Dios entonces te permite “ver” y comprender que Él lo es todo (Mt.11: 25).Sin fe, es imposible mirar más allá de Jesús como una figura histórica, hasta el misterio de Dios (Heb.11:1-6 / Col.2: 2). Jesús no debe a nadie ningún tipo de experiencia que no sea la prueba dolorosa de su amor en el Calvario. Ahora, ¡te toca a ti a creer!

 

Vivimos en una cultura “cristiana” en la que la idea de ser “pecador” no se aproxima ni un poco a la realidad. Pecar  ha llegado a significar “cometer errores”. Esta palabra no tiene su origen en la forma de pensar de los hombres y tampoco  puede ser definida o comprendida por los hombres. El pecado sólo puede ser “entendido” por medio de la fe, porque el pecado se origina “sin razón alguna” (Jn.15: 22, 25). Su única “definición” puede ser comprendida por medio de la revelación de Dios presente en las Escrituras (Job.25: 6/Ps.14: 3/Pr.21: 4,24:9 / Ec.9: 3/Is.40: 15/Is.59:1-15 / Ro.14: 23/Stg.4: 17/1Jn.5: 17). El pecado ha destruido por completo al mundo entero y a la raza humana. Tanto es así, que ahora este mundo pertenece a Satanás (Mt.4: 8/Jn.14: 30/2Cor.4: 4 / 1 Jn.5: 19). En el contexto de las Escrituras, no hay ninguna palabra en el idioma de español más ofensiva que “el pecador”. El pecado (incredulidad, egocentrismo y orgullo) es lo que te impide responder a la pregunta de quién es Jesús y tampoco te deja “ver” a Dios en Él.

 

Jesús se negó a confiar en cualquier hombre, porque Él sabía que la profundidad del mal habita en el ser humano (Jn.2: 24 / Mt.23: 1ff/Jn.3: 18ss). El apóstol Pablo explica la composición interna del  ser humano (Ro.3: 10), y  el Antiguo Testamento resuena con una definición clara (Ec.9:3 / 25:5 ss/Is.40:17,59:3). No importa cualquier obra “buena”  que un pecador pueda realizar, Dios lo ve tan sólo como “trapos de inmundicia” (Is.64: 6). Pablo dice “No hay nada bueno en mí” (Ro.7: 18). Para mí, este es un gran alivio. No tengo que fingir ser bueno o esforzarme por ser “mejor”. Me uno a Pablo y digo “Estoy crucificado con Cristo…” (Gal.2: 20). Ahora, con esta definición bíblica de “pecador” en mente podemos apreciar lo que Pedro comprendió, al ser un judío, cuando llevó la humillación a sí mismo. Contrariamente a la moderna “fórmula de en una oración” de “aceptar a Cristo como su Salvador”, Pedro sabía la profundidad de su depravación y mostró a Dios una disposición de transparencia total y de desesperación; como una recompensa por esta actitud, Dios le permitió al Pedro comprender la verdadera identidad de Jesús. Pedro entonces pudo “ver” a Jesús como un ser sin pecado, y con un gran poder divino hasta el fin de impartir a él una identidad completamente nueva (Lc.5: 10 / 2 Cor.5: 17).

 

Cuando yo comencé a leer el Nuevo Testamento, ciertamente me identifiqué con la afirmación de Pedro como un hombre malo; yo tenía una conciencia innata de mi pecado y culpabilidad delante de Dios. Yo no estaba buscando a Jesús basándome en un esquema definido, en el que Él debiera demostrarme algo. Lo que Jesús hizo en la cruz silenció todas mis preguntas o problemas insignificantes. ¿Era sólo un evento en la historia pasada? Yo sabía quién ERA Jesús, pero mi pregunta se convirtió en ¿ESTÁ Jesús vivo, hoy?

 

Muchas de las personas que conozco  hacen que el tema de  la salvación sea una cuestión de gran magnitud, muy compleja y larga. Ellos se obsesionan con cuestiones complejas relativas a qué tipo de estilo de vida deben vivir, qué nivel de justicia deben alcanzar (Fil.3: 9), o qué grado de compromiso deben demostrar. No hagas esto. Jesús dice: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre” (Jn.14: 9). Recibir revelación de Jesús ¡es la salvación! (Jn.6: 40/Jn17: 3).

 

Cuando me acerqué a Jesús, Él me dio la misma revelación que dio a Pedro. Después vi al Jesús VIVO arrepentí de mí y  la transforme en sumisión frente al Dios vivo. El Padre tuvo a bien, revelar a Su Hijo a un gusano como lo era yo (Mt.11: 25/Job25: 6). Al instante me di cuenta que yo estaba pasando a formar parte de una realidad antaña. En verdad podría decir que Dios metió la mano en mi  pequeño mundo y me atrajo hacia alguien que se movía a través del tiempo. Yo estaba atrapado en una sustancia mucho más allá de lo que me podía imaginar.

 

Cuando conocí a Jesús no vi ángeles, no sentía la piel de gallina, no derrame ninguna lágrima. Sin embargo, llegué a ser un hombre nuevo y  fui capacitado con la visión y el propósito de la vida eterna. Era como si me hubiese transformado de ser una oruga para convertirme en una mariposa (2Cor.5: 17). En aquel momento creí que era algo, pero hoy me doy cuenta de que no soy absolutamente nada; tal vez antes era algo, pero ahora Él lo es todo. Si quieres saber algo sobre el hombre que escribe estas palabras lee Romanos 3:10 ss. Yo no soy importante. Lo que es realmente importante es tu respuesta individual a Él porque esto determinará tu destino. Soy una semilla rota (Sal.51: 17/Jn.12: 24-25). Pablo dice: “He sido crucificado con Cristo… la vida que vivo, la vivo para Dios en la fe del Hijo de Dios…” (Gal.2: 20). No pretendo ser un predicador, evangelista o pastor. Soy un hijo que grita “¡Abba! ¡Padre! “(Rom.8: 15). Mi otra identidad sólo se me dará a conocer cuando reciba mi nuevo nombre (Rev. 2: 17). ¡Yo sé quién Jesús! ¿Y tú? ¿Estás viviendo en SU pasado? ¿Vas a encontrar un futuro en quién realmente ES Él?