Nuestra Mensaje

¿Los Oyes?

Escucha. ¿Puedes oírlos? Mientras que camines por la calle mirando las muchas caras que se mueven hacia ti, ¿Ves esa mujer baja y anciana con el suéter amarillo? ¿La escuches hablando en lo profundo de su ser?: “¡Oh, tanto espero que alguien me saluda hoy! Estoy tan sola. No tengo a nadie a quien le importo.”

O ¿oyes a esa mujer, allí por la esquina?: “Mi hijo está tan enfermo. No tengo los medios para ayudarlo como debería. No sé que hacer, estoy en mis últimas. Sólo quiero conversar de él con alguien.” Cruza la calle y regresa a su apartamento y allí es su hijo. Nadie la escuchó porque ella no decía palabras que se podría oír.

¿Y qué tal ese hombre de edad media, con traje de negocio, comprando un café con leche? Exhibe la imagen de que todo está bien. Pero mira más de cerca. Él está hablando a sí de voz alta; “Siento tan perdido. No sé qué hacer. ¿Cómo podría mi esposa haberme dejado? No aguanto este dolor.  No sé si puedo cuidar a mis hijos yo solo.” Él vuelve a su casa vacía y sus hijos sin madre vuelven de la escuela a la casa. Nadie lo oyó porque él no decía palabras que se oían.  ¿Cuántas personas odian a su trabajo, a su matrimonio, a sus vidas? No ven ninguna salida. Sin embargo, ven que todo el mundo hace lo mismo, por eso concluyen que no existen soluciones. No existe esperanza de ayuda. No existe Dios.

 

El Grito Interior

Hay tantas caras que cuentan muchas historias y cada una tiene el mismo tema. “Alguien, por favor, me ayude.” Este es el grito de los millones y billones que andan por las calles de toda ciudad hoy y han gritado este grito por mil generaciones. Todos los hombres a lo largo de todos los tiempos son cercenados del Creador Dios por el pecado. Un pecado que no admitirán, no reconocerán ni jamás enfrentarán. Sin embargo, es la fuente de su grito diario para el amor personal y la ayuda individual. ¿Por qué? Porque no saben las buenas noticias. Pueden pensar que sí se sabe, pero no.

Escucha, ¿puedes oír? Hay una sirena chillante de ambulancia o de la policía que advierta a todos que algo está mal; terriblemente mal. Tan mal como una emergencia. Los hospitales, penitenciarios, sanatorios mentales, centros para drogadictos y adicciones, consejeros de divorcio, centros sociales, todos están desbordados con las pesadillas de nuestras madres, padres, hijos, primos o vecinos. Algo…muchas cosas son terriblemente malas. El hombre no es meramente imperfecto. El hombre es un desastre. El mundo no es un buen lugar a la espera de ser mejorado. Es un lugar terrible en espera de estar destruido.

De eso, mi amigo, se trata todo el evangelio de Jesucristo. Nunca tenía la intención de iniciar una organización ni recoger dinero de los necesitados para hacer más hermoso a un edificio. Justo después del primer hombre, Adán, y su esposa, Eva, fueron creados, fueron ahuyentados ​​del Creador por un monstruo llamado Ego, controlado por un ángel caído llamado Lucifer. ¿Me oíste? ¿Te importa? Porque éste está en ti. Éste te está matando. Te está robando los momentos preciosos de los cuales tienes tan pocos.

Desde aquel día oscuro y terrible, hace unos diez mil años, el hombre ha luchado con el tormento interior del aislamiento total de la íntima comunión una vez compartida con un Padre amoroso. “¡Ayúdame! ¡Ayúdame! ¡Alguien, por favor, me ayude! “ es el grito grabado en lo profundo de nuestra alma. ¿Lo conoces? ¿Cuántas veces lo has dicho? Déjame decirte que hace mucho tiempo, cuando se lo pronunció por primera vez, Alguien escuchó. Alguien se acercó. Alguien hizo algo al respecto. Éste Alguien está aquí, ahora, para responder a tu clamor. La cuestión es ¿en qué dirección corres tú?

Cuando Adán se fue corriendo, el Padre no lo dejó ir. De inmediato corrió tras él con un plan maravilloso de redención.  Él no dijo: “Ya basta. Te ofrecí todo y me diste la espalda para seguir tu propio camino.” Durante miles de años, Sus manos han estado extendidos a todos los hombres a lo largo del tiempo. A ti, ahora, aquí. Pero el dilema del pecado se ha apoderado de los hombres, a través del indignante y desconcertante resistencia del orgullo.  Toda la naturaleza y cultura y sociedad humana ha permitido convertirse las realidades duras y brutales del pecado en ser el estándar mundial para lo que se llama “vida”. No hay lugar para un Dios vivo en un mundo moribundo que insiste en que ya tiene vida. Su “vida” no es vida, pero su muerte es sin duda muerte real. ¿Tu orgullo ahora te impide de tener una vida que desafía a la muerte?

El pecado te impida de hacer lo que deberías hacer y te obliga ser alguien que odias. Te suministra una justificación para no expresar tu amor y te incita a expresar tu ira. Es una incubadora de pereza y una nevera para oscuridad. Somos …pecado-dores. Lo que mucha gente no entiende es que no existen varias clases de “pecador”. Dios ha revelado que todos los hombres son lo mismo, debido a nuestra naturaleza humana. Desde el recto trabajador social hasta el criminal duro, el pecado no consiste de sólo acciones y pensamientos, sino está en nuestra propia sangre.

 

¿Qué es el evangelio?

Edificios de “santuario” están construidos por hombres que insisten en que en tal lugar en un momento determinado el Creador ofrece consuelo y consejo. En cambio los hombres deben ofrecer dinero, oraciones, canciones, una rutina piadosa y una congregación de almas concordantes.  Por supuesto, hay millones de estos hombres con millones de estos edificios y millones de sus doctrinas y rituales y afirmaciones. Los hombres han nombrado a su respuesta superficial y sosa: la religión. Siempre tienen motivo para construir otro edificio basado en otra enseñanza “única” entre mil enseñanzas, relacionado con y también en contra de Cristo, pero en cada uno es el sistema que usurpa la llamada individual de un Padre misericordioso.

Sin embargo, a pesar de lo que sea el grado de apariencia fingida y enseñanzas engañosas que los hombres implementan, sigue habiendo un solo evangelio, un solo Dios, un solo Señor, un solo Padre, un solo Salvador, una sola persona llamada Jesús, Quién dice, y siempre ha dicho, a el que vea más allá del statu quo … “Ven a Mí….Yo soy el pan vivo … yo estaba muerto, pero he aquí estoy vivo ….Yo soy la resurrección … Yo soy el agua viva … Permanezca en Mí…” (Mt.11:25/Jn.6:35, 7:37,11:25, 15:4/Ac.1:18). Él no requiere un diezmo de tu billetera, sino más bien de tu corazón, no de un mero diez por ciento, pero en dar todo el trabajo de tu cuerpo, alma, mente y vida.

Se me crió un fuerte católico romano. Asistí a los colegios católicos durante catorce años e incluso solicité entrar al sacerdocio. Valoro todos esos años y también las muchas cosas que aprendí de tantas personas y experiencias. Hoy mi familia y yo nos encanta trabajar con nuestros amigos católicos en tantos escenarios.

Conocí con el Señor Jesús, mientras que asistí a una conferencia en la Universidad de Notre Dame. Es una larga historia hermosa de que puedes leer en otro lado aquí en nuestro sitio web. Como un hombre joven con unos veinte años, contemplé seriamente las palabras de Jesús. Decidí que estaría en concordancia con sabiduría estudiar plenamente las Escrituras para que yo elegiría un camino congruente con el destino prometido por mi Padre amoroso.

Así que, después de estudiar la teología católica, obtuve una maestría del seminario más grande del mundo. En el Seminario Fuller, en Pasadena, California, estudié hebreo, griego, la historia de la iglesia y todos los requisitos académicos para ser bien educado con el pensamiento moderno. Durante varios años trabajé como pastor dentro de varios escenarios de iglesia. Con la luz de toda esta exposición, el llamado del Jesús vivo me impulsó, haberse apoderado de mi espíritu, con la lucha desgarradora por la verdad de “¿Qué es el evangelio?”

Era una cosa cuando el apóstol Pablo lidiaba con un mundo rebelde, ignorantes de este hombre muerto resucitado de quien Pablo afirmó era el Mesías. Es otra cosa entera lidiar con el mismo mundo rebelde que ahora dice que ya sabe todo acerca de Jesús. Hoy en día hay miles y miles y miles de iglesias, predicadores, etc. Pablo no tenía que enfrentar esto. Entonces allí me senté, un joven de 25 años, obligado a predicar el evangelio a las personas que decían ya conocer el evangelio. ¿Cómo se sabe uno predicar el evangelio en un mundo de tal hipocresía?

Asuntos Específicios

Cosas que tienes que entender con el tiempo

Cada respuesta que buscas será encontrada por una búsqueda, en humildad, al Padre para que Su Espíritu te dará una comprensión precisa de la revelación bíblica. ¿Por qué son tan importantes Las Escrituras? ¿Qué es la fe verdadera? ¿Cómo se logra el poder sobre el pecado? ¿Es siquiera posible? ¿Qué quiere decir Jesús cuando dice: “Beba Mi sangre”? ¿Cómo, específicamente, llegues a experimentar el amor divino de un Dios invisible? En última instancia, la respuesta a estas preguntas, y todas las demás, resolverá el grito interno de ayuda y amor tierno. ¿Qué es el evangelio?

Esta fue mi más profunda oración después de finalmente asistir a tres seminarios diferentes. Por supuesto, la palabra “evangelio” significa “las buenas noticias” y se la entiende comúnmente como el hecho de que Jesús murió y resucitó para ofrecer la salvación. Pero, ¿cómo logras trasladar esta verdad desde una doctrina abstracta hasta una práctica y poderosa experiencia personal de vida cotidiana? ¿Cómo conquistará a tu ansiedad o depresión?

Algo está horriblemente mal cuando multitudes de personas afirman ser cristiano pero viven apenas diferente de las masas comunes. Si Jesús promete la vida de la resurrección pero los dichos “cristianos” aún quedan con la corriente principal de la búsqueda de amor ¿no es una contradicción del Evangelio? No se conoce el amor de Dios por medio de la auto-persuasión.  Su amor es la comprensión íntima que por la fe ha intercambiado la vida de Adán para la vida espiritual de Cristo (1 Corintios 15:45 /Jn.4:24/Heb.4:12).

Entonces aquí estamos después de unos cuarenta años, en tu país, ya una familia de seis hijos adultos y sus padres. Haber predicado en muchos países y a millones de personas, podemos compartir contigo la verdad del evangelio de Jesús. Por favor, mi amigo, tratas con esto muy en serio. No es por suerte o casualidad que te encontraste con nosotros y que te encuentras leyendo esto; nuestra enseñanza precisa e historia extraordinaria son bastante inusuales para un mundo ahora al borde de la destrucción total. Si estás capturado por las mentiras y las actitudes de este mundo, no lo niegues. Reconócelo. Hay gran esperanza. Si puedes admitir tu propia hipocresía, debilidad y temores, existe un Padre que puede venir a tu ayuda tan segura que vino a la mía. 

Hay cosas específicas que debes llegar a entender. No es posible para mí explicar todas. Ni quiera Dios que lo haría. Depende de ti. ¿Qué es lo que realmente quieres? ¿A Quién realmente quieres? El poder del evangelio no se deriva de sentimientos cálidos y cariñosos. No trata de intentar ser una “buena persona”. Es la fe, no la moralidad humana, que Dios exige para la justificación. El evangelio no puede ayudarte cuando queda basado, no en tu obediencia personal a la Palabra de Dios, sino más bien en los sermones y el bombo santurrón que deriva de una asistencia por una hora el domingo. Esto te va a requerir que vas al meollo de la aplicación de tu voluntad y que te concentras para comprender asuntos que al principio pueden parecer irrelevantes y distantes. O que tal vez ya “conoces” con la cabeza, pero no con tu vida. La recompensa de todo esfuerzo es inmenso.

Nuestra mente es parecida a una mosca errante en el alféizar de la ventana. De repente zumba allí por ese pensamiento y allá por este sentimiento, impulsado por capricho y instinto. Tenemos que agarrar a nuestra concentración y exigir que somete a nosotros. Esto va a requerir que te conviertas en un “discípulo”.

 

La Palabra

Cuando yo era un católico joven, mi familia recitaba el rosario todos los días de rodillas. Cada día. Una vez al mes realizábamos “La Hora Santa”, que se compuso de muchas oraciones, incluyendo la lectura de las Escrituras. Recuerdo la extraña anticipación que me sentí cuando mi papá me dijo que leyera y tratara de explicar lo que significaba un cierto pasaje. Ni idea tenía yo de cómo esta práctica pequeña nutriría mi renacer y crecerá para convertirse en ser mi vida entera.

En pocas palabras, las Escrituras son la Palabra real de Dios. En el griego original, el término “logos”, traducido como “palabra”, significa “revelación”. Juan 1:1 declara: “En el principio era el Verbo (Logos) y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios … y la Palabra se hizo carne …”. Jesús es la palabra hablada de Dios. Él es la mayor revelación que vino a la tierra. Las Escrituras contienen la historia de varias naciones, sobre todo Israel, y la de varias guerras, genealogías, eventos cataclísmicos, etc., pero el objetivo principal de los autores era documentar la exposición suya en que estaba involucrado Dios.

La Biblia está dividida en dos partes. Hay el Antiguo Testamento, que registra la creación del hombre y del mundo. Documenta la caída del hombre de la perfección en el pecado. Luego registra la historia del intento de Dios en ofrecer al hombre Su redención. A través de profetas, sacerdotes y reyes, Dios preparó al mundo para la revelación suprema por medio de la cual Él mismo vendría a la tierra en Su propio amado Hijo, Jesús.

El Antiguo Testamento expone la ley mosaica para que los hombres podrían pillar una idea de la santidad y la gloria de Dios. Sin embargo los hombres no podían cumplir con los requisitos de, no sólo los diez mandamientos, pero unas 10.000 otras leyes. Vez tras vez tras vez, la escogida nación de Israel se apartó de Dios en rebelión terrible. Sin embargo, por medio de Sus profetas, Dios consolara y exhortara a Su nación. Se hizo evidente que los hombres nunca pudieran obedecer plenamente la demanda de Dios a la santidad. Israel tanto se contaminó que Dios les dijo que no eran diferente de cualquier otra nación sobre la tierra (Amós 9:7).

Entonces aquí es una clara diferenciación entre el Antiguo Pacto, basada en la adhesión a leyes, y el, ahora por introducir, Nuevo Pacto, basada únicamente en la gracia. Está escrito “Pues la Ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo (Juan 1:17).  Así que, ya ves que aquí las Escrituras dan clara comprensión de los medios de salvación que se basa, ya no más en la capacidad del hombre para obedecer las leyes, sino en la abrumadora misericordia de Dios en simplemente conceder la salvación, por medio de Su gracia, a un hombre por la sola fe (Efesios 2:8).

En leer los escritos de Mateo, Marcos, Lucas, Juan y las cartas de Pablo, Juan y Pedro, empezarás a entender soluciones específicas a cuestiones problemáticas. Por ejemplo; la Fe. Hoy en día se utiliza erróneamente ésta palabra para describir el pensar ilusorio o una sencilla conciencia mental del evangelio. De hecho, la fe es una especifica “sustancia” divina, dado a un hombre por Dios (Hebreos 11:1ss). Pablo la desglosa, empleando los términos más básicos, en Romanos capítulo cuatro. No hay mil definiciones o expresiones validas para la fe. Solo hay una. Es la fe de Abraham. Es la expresión de la entrega total y la confianza en Dios a pesar de la absoluta contradicción por parte de fuerzas opuestas. Cuando Abraham primeramente la inauguró, la fe era la sencilla respuesta de este hombre pagano de creer que lo que Dios prometió, Dios cumpliría. Ésta es la esencia de la fe. La Biblia está llena de las promesas de Dios de una alternativa a todas las luchas con este mundo y nuestro propio dilema humano que supone el pecado.

Dios promete una “vida nueva”. ¿Qué es esta vida nueva? No es la euforia emocional del servicio religioso o de la reforma moral (dejar las drogas o el alcohol). Cuando Adán pecó nuestra conciencia de la vida se corrompió con la conciencia de sí. Cada momento de cada día pensamos en nosotros mismos. Esto no es bueno. Esta es la maldición del pecado. Ahora nuestro cuerpo está bajo las restricciones y los dictados del tiempo. El pecado obra en los miembros de nuestro cuerpo y nos lleva a la muerte. Cada día somos conscientes de que no podemos, ni queremos, obedecer las leyes de Dios. Estamos gobernados por los dictados de nuestra carne; nuestros estados de ánimo, nuestros pensamientos; la condición de nuestra sangre. Somos conscientes de que somos miserables, solitarios, tristes y a veces francamente enojados sin buena razón. No identificamos la fuente de estas cosas como el pecado que está incrustado en nuestra sangre. Más bien culpamos a toda clase de otras cosas o personas; sobre todo culpamos a Dios.

Todo esto, amigo mío, es porque esta cosa llamada pecado ha contaminado la sangre en nuestro cuerpo. Dios dice en Su Palabra: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso” (Jer.17:9). Estamos enfermos. Decimos que todo es genial, pero la verdad es que por dentro todo es terrible. Pablo dice que hacemos las mismas cosas que no queremos hacer (Rm.7). Debemos concordar con la Palabra de Dios en lugar de con el falso pretexto de la cultura y el mundo que nos rodean. Una de las primeras muestras de arrepentimiento verdadero es cuando alguien deja de seguir a todos los demás. Se reconoce el pecado adentro y elige ser más serio.

 

El Evangelio: ¡Las buenas noticias!

Después de que creció Jesús, Se fue a orar y ayunar en el desierto antes de comenzar Su ministerio de tres años. En el primer relato de Su mensaje, Lucas documenta que Jesús interpreta la escritura de Isaías capítulo 61 como profetizando de Su mensaje: “El Espíritu del Señor está sobre mí … a predicar buenas nuevas a los afligidos” (Lucas 4:18). Lo importante es darse cuenta de que, para que el evangelio sea buenas noticias, debe ser predicado a aquellos para los que fue diseñado. Si se me diseña una falda, nunca me la voy a vestir. Si se me diseña un buen par de pantalones de la talla correcta, cabrán a mi situación particular. El evangelio es destinado a “los afligidos”, “los pobres”, “los cautivos”, “los quebrantados de corazón” y los “prisioneros”.

Jesús aclaró exactamente para quien es el evangelio cuando dice: “Yo no he venido para los sanos, sino los enfermos …” (Mc.2:17). El motivo de mi pregunta desconcertante acerca del evangelio, hace tiempo en el seminario, quedó en que yo estaba pensando que yo estaba obligado traer la medicina a los que ya eran muy “saludables”. Tuve que darme cuenta de que la razón que escuché yo las buenas noticias era porque yo reconocía que estaba terriblemente enfermo y quebrantado, por todas mis lesiones mientras jugaba al fútbol, y reconocí lo perdido que era. De ninguna manera sabía que Dios me enviará a los afligidos y a los países del 3er mundo.

Cada una de esas personas que ves caminando por las calles que te rodean están pidiendo ayuda a gritos. Todo en su vida es una mala noticia. Si trata de su familia o la falta de familia; si trata del trabajo o la falta de trabajo; si trata del dolor en todas sus formas múltiples, si sea algo del indefinible dolor de la soledad y depresión, es una fuente inagotable de malas noticias. La cuestión es que si se lo admitirán y actuarán con la desesperación absoluta para que el evangelio puede ser visto y recibido como las buenas noticias que contiene.

El amor de Dios no requiere una imaginación. Estaba registrado como hecho histórico y fue atestiguado en el tiempo y el espacio. No es un sentimiento que viene y va. Fue un acto intencional de Jesús a ofrecerse a Sí mismo en nuestro lugar (Romanos 5:8). Esto no es el amor del hombre. Se llama el amor ágape. No es bidireccional. Era de una via. Dios demostró Su amor y nuestro acceso a ello es por nuestra fe en ello, en Él. Lo que hizo …. Él lo hizo. Mientras que éramos aún pecadores, ni siquiera nacidos todavía, Cristo murió por los impíos. No existe un amor mayor. Por medio de este histórico evento, ofrece una vida nueva para la humanidad.

Esta vida nueva está más allá de la que heredamos de Adán. Hay un poder más allá de lo de la sangre en nuestro cuerpo físico en que dependemos. Hay un corazón que late con un amor ágape, que es mucho más allá del nuestro corazón desesperadamente enfermo con el engaño y la autocompasión. Es el corazón de Dios. Es la vida que procede del Padre a través de Su Hijo por medio de Su Espíritu enviado a nuestros cuerpos que clama: “¡Abba! ¡Papá! “. Es una nueva relación con el Dios vivo. Es el orden de la nueva creación establecida otra vez por la resurrección en que podamos ser reconciliados con Dios a pesar de nuestra forma de ser tan pecaminosa.

Si ganar el mundo es tu meta, entonces nunca vas a lograr la gloria de las buenas noticias, porque Jesús, realmente, es una mala noticia para los que persigan obtener una vida de este mundo. * Las comodidades y la felicidad que da el liquor, las drogas, el dinero, la fama, etc., no puede responder al clamor de nuestra sangre pecaminosa con lo que exige, con la única cosa que necesita: expiación. Ésta palabra hebrea resume todo lo que Jesús tenía que hacer en el reino espiritual para suministrarnos la salvación. Jesús ofreció Su sangre perfecta a un Dios justo, el Quien exige la perfección. Jesús, en lugar nuestro, cargó con la ira terrible de Dios contra pecado. Al levantarse de entre los muertos a Jesús fue el primogénito de la nueva raza eterna. Ahora ofrece ésta calidad de vida a cualquiera que creyere.

 

La Fe

Hablamos con muchas personas que creen que la salvación se recibe por obedecer a los 10 mandamientos. Obviamente nunca han leído las Escrituras de la forma que he descripto aquí que está requerido. La Palabra de Dios, de forma clara, enfática e inequívoca, revela que a través de la ley proviene una sola cosa; la conciencia de nuestro pecado. Es decir que el esfuerzo de ser bueno sólo termina en una cosa y ésa es un conocimiento de que no somos buenos. Este es el propósito entero de la ley. Está nombrado “un tutor” porque en este proceso de ver nuestra falta de santidad por la luz de Su santidad, se nos enseña que debe ser otro modo de conocer a Dios. Después de la terrible agonía de Su crucifixión, Jesús exclamó: “Consumado es”(Jn.19:30). Al insinuar que Dios exige la asistencia a una iglesia, la adhesión moral a las leyes, un diezmo (incluso de los pobres), o creencia en diversas afirmaciones doctrinales no es más que demoníaca.

Cualquier cosa que no sea fe en la obra terminada de Cristo, toma a la ligera Su logro enorme en la cruz. Si los hombres malvados pueden hacer algo para merecer la salvación divina, entonces Jesús NO hizo todo. Tendría que haber gritado “Es CASÍ consumado”.  Dios revela que Cristo es el fin de la ley para todo el que cree. Jesús cumplió con todo lo que requiere Su santo Padre para que el hombre tenga una relación con Él. Por lo tanto, es sólo a través de Jesús que podemos relacionarnos con el Padre. No existe otro medio de salvación. Iglesia no es un mediador. Jesús es el Mediador (1Tim.2:15).

Jesús no es algo que importa. Él es todo que importa. Todas las cuestiones relacionadas con cada pecado, cada problema, cada pregunta, cada doctrina, etc., se resolverán si priorizas la comprensión de Jesús como una Persona viva encima de todo lo demás. Cuando resucitó de entre los muertos, no dejó de existir. De hecho, dice Él que era mejor que Él dejara el mundo para que pudiera ahora, por la capacidad ilimitada de ser en el Espíritu, ven a cualquiera, en cualquier lugar, en cualquier momento.

Jesús está esperando a que vengas a Él para que Él pueda comenzar a introducirte lentamente a los poderes de la fe, el perdón, la paciencia, la comprensión, la alegría y el amar a los demás más que a ti mismo. El pecado no es algo que puedes eliminar porque no es un comportamiento específico. Puedas eliminar un acto externo, pero la raíz queda en tu sangre.  El pecado tiene que ver con todo de ti. Por lo tanto la fe de que la sangre perfecta de Jesús consiguió la comunión con Dios es el único medio por el cual puedes vencer el pecado (1 Juan 3:9).

Si lucharás, no para defenderte (pecado, ego, orgullo), sino para humillarte, para unir tu cuerpo pecador con Jesús, Quien cargó con tu cuerpo de pecado en la cruz, Él te exaltará en el tiempo y modo apropiados (Romanos 6:6). En cada encrucijada de decisión en la cual estás tentado por la autocompasión o la apatía, si agarres tu voluntad para decir algo a Dios, cualquier cosa relevante a tu lucha inmediata, esto comenzará el enorme regalo llamado relación. Es fe. Hable con Él. Sus palabras quedan en Su “carta de amor”, te esperan para contestarte con Su respuesta.

El motivo de la mayoría de angustia es porque la gente piensa que merece más. Se merece algo mejor. Alguien, en algún lugar, por alguna razón, se les debe una vida mejor. Nunca se lee las Escrituras para entender que Satanás es dueño de este mundo. Cuando tentó a Jesús en el desierto, dijo que este mundo había sido “entregado a él” (Lucas 4:6). Adán y Eva obedecieron a Satanás, no a Dios. Ellos tomaron una decisión y todos sus descendientes (nosotros) tendríamos que vivir con ella; PECADO. Así que el mundo se volvió corrupto (1 Juan 5:19). Ahora puedes tomar una decisión a la contraria. Lo único que puedes esperar de este mundo, en respuesta a tu sufrimiento, es el falso consuelo ofrecido por otras almas perdidas. Jesús ofrece otro mundo dentro de este mundo (Jn.18:36). Es un reino descubierto sólo por los pobres de espíritu.

Cuando leí por primera vez Romanos 3:10-20, yo no estaba ofendido. Estaba lleno de júbilo. Yo sabía que yo era nada más que malo. Dios es tan plenamente consciente de nuestro estado malvado y miserable que hace miles de años escribió de ello. Sin embargo, esto no Le impidió venir a la tierra y dar Su vida en rescate a Satanás para nuestra redención. ¡Esto, amigo mío, es una buena noticia! Jesús dice que la comprensión de la obra generada por Su muerte y resurrección te proporcionará una nueva vida (Juan 6:54/Rm.6). Pablo va tan lejos hasta decir que cuando una persona verdaderamente entra en Cristo, se convierte en una nueva creación (2 Cor.5:17). Al igual que una oruga se convierte en una mariposa, una criatura con una ADN completamente diferente, así es el poder que resucitó el crucificado Siervo Sufriente desde la tumba y trajo a la luz al León de Judá, la Estrella de la Mañana, el Águila, el Alfa y Omega.

 

¡Hágalo!

Jesús no promete que las buenas noticias harán que tus valles desaparecen sino que te proporcionarán el punto de vista como si estuvieras en la cima de la montaña. Él promete reemplazar angustia por regocijo, cautiverio por libertad y llanto por alegría (Is.61:1-3). La cuestión de si recibas las buenas noticias depende de si eres uno de los para que están destinadas. Si, sin importar el sufrimiento que te enfrentas, es con la fuerza de tu propio orgullo que lo superas, entonces, en mejor caso, el evangelio te quedará como pensamiento ilusorio. Sin embargo, si te entregues al Dios que te formó desde el vientre de tu madre y buscarás la revelación de Su Palabra, entonces, sin duda, descubrirás el poder del evangelio.

El poder del Espíritu Santo no es para hacerte un buen “asistente a iglesia” ni para habilitarte en usar tu dinero para hacer que un predicador evangélico sea rico. Más bien Él te hará en un hombre o una mujer llena de un amor que llegarás a conocer, lo cual comparten el Padre y Su Hijo.  Puedes traer esta “oferta” como tu mayor regalo de amor por la humanidad. La evidencia de que el evangelio está en operación en la vida de uno es cuando una persona empieza a olvidarse de si mismo y pensar en Jesús y realmente preocuparse por los demás. El pobre sin techo que pases en la calle está esperando tu sonrisa cariñosa. El encargado de la tienda que se ve tan desanimado está esperando que le preguntes “¿Cómo te va?”.  La señora del suéter amarillo necesita que sólo la preguntes “¿Cómo estás cariño?”. Y después que quedes allí de pie, escuchando y compartiendo lo poco que tal vez sabes de Jesús.

No importa donde estés, no importa lo insignificante o temeroso que seas, Dios te fortalecerá con todo lo necesario para que cumples tu destino en Cristo. Las voces llenan las calles y todos los barrios. Son tan fuertes. Ya sean joven o viejo, todos los hombres claman desesperadamente, como resultado de lo que nuestro padre, nombrado Adán, nos transmitió a través de su sangre. Ahora ha llegado el Nuevo Testamento con una nueva sangre de un nuevo Adán y un nuevo Padre y una nueva raza y el evangelio de las buenas noticias (Romanos 5). Ahora es el momento para que empiezas. Así que en un mes o un año a partir de ahora, mirarás hacia atrás y te maravilles sobre lo que es obviamente algo que Dios está haciendo en ti. No estarás lleno de quejas sino que lleno de alegría y agradecimiento. Sabrás propósito y significado. O estarás exactamente en dónde te encuentras ahora, si no peor.

Tienes el poder en tu libre albedrío para dejar de ser un huérfano rebelde y cambiar a ser un hijo obediente (Lucas 15). Todos tus fracasos, todo tu pasado, tu remordimiento, tus errores terribles, ya no importan más cuando cubiertos por Su sangre. El perdón tuyo fue fechado hace 2000 años. Es sólo una cuestión de que lo reclames ahora. Jesús no volverá a morir. Todo pecado que necesitaba ser cubierto estaba cubierto. El Padre ya no más tendrá que correr atrás de ti porque estás ahora corriendo hacia Él.

Jesús está por traer una nueva tierra y un nuevo cielo. No habrá penas de tormento interior. Nadie volviera a su casa con gritos sin respuesta. No hay sirenas chirriantes ni noticias de historias horribles. No rostros errantes sobre calles sucias. Los que creyeron en la venida del Hijo a la tierra, para morir y ofrecer la redención de Su resurrección, serán arrebatados con Él por la eternidad de una vida jubilosa más allá de lo que un hombre puede imaginar.

Del mismo modo, Dios, siendo perfectamente justo y puro, ejecutará un castigo correspondiente sobre todos los que se unen con el pecado de resistencia a Su revelación. El infierno no es una táctica para asustar. Hombres malvados que hacen actos de maldad, y rechazan la misericordia de Dios, reciben el cumplimiento de Su demanda de justicia. No es una divina reacción excesiva. Imagínate la disposición de un Padre santo, en respuesta a un mundo que crucificó a su Hijo después de todo lo que Él hizo por ellos y después de todo lo que hicieron contra Él. La sangre de Dios clama por una justicia eterna.

Admita tu hipocresía. Odia a tu propia presunción. ¿De verdad quieres conocer a Dios o simplemente fingir que lo quieres? ¿De verdad quieres la nueva vida ofrecida en el evangelio? Redúcete a nada. Conviértete en uno de los quebrantados de corazón y los afligidos de manera que te calificas para tal recompensa. Empieza a cambiar tu corazón. Cambia tu mente. Empieza implementar disciplina en tu vida. ¿Cómo? Pide al Padre que te ayude a empezar. Pídele que te dé un tiempo y un lugar para estar a solas con Él. Luego, por fe, hágalo. Consigue una Biblia o, a menos por ahora, un Testamento Nuevo. Lee. Al principio las Escrituras te van a parecer un poco distantes e irrelevantes. Persevera. Mete algo de brío en tu voluntad. Se trata de TU futuro en el cielo o el infierno. No eres un perro o un gato. Eres responsable delante de Dios por el alma te ha dado. También se trata del resto de tu vida, si sea de la miseria o de la vida eterna aquí y ahora. Medita en el Evangelio de Juan. Pide a Dios por “luz” (Juan 1:9, 8:12). Siéntate a solas en algún lugar. Sea quieto. Guarda silencio. Tome algunas respiraciones profundas, reflexionando sobre todo lo que te ha costado para traerte a este mismo momento.

No te dejas ser perezoso. De igual manera de que gastas el tiempo y la preparación para las cosas importantes en tu vida, haga lo mismo ahora. Puede ser que te vuelves soñoliento o hasta quedas dormido a veces. Está bien. Todo el mundo lo hace. Pero intenta una y otra vez. Cuanto antes lo hagas es cuanto antes empezarás a establecer nuevos patrones de pensamientos de esperanza en tu mente. Uno conducirá a otro. El día del juicio está muy cerca. No tienes el lujo de mucho tiempo para preocuparte con innumerables preguntas irrelevantes sobre cosas que no están íntimamente relacionadas con apoderarte de la revelación del Jesús vivo. Obliga que tu mente y tu boca formen pensamientos coherentes hacia Dios. Hable con Él como con una Persona real Quien te oye. Sea específico. Si te colocas en la actitud correcta, beneficiarás de la disciplina que se llama la fe. “Jesús, ¿qué significa realmente nacer de nuevo?” (Juan 3:3ss).

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