A veces, el último pensamiento al final del día, o el primer pensamiento en la mañana, mas o menos, contiene las palabras: “Quizás algo bueno va a suceder a mí hoy … tal vez hoy, tal vez mañana”. A veces, es sólo un pensamiento pasajero y a veces se convierte en un sólido bloque de pensamiento que consume nuestra mente por un tiempo.

Pasando el tiempo con las personas que sufren, especialmente los prisioneros, tantos me dicen que piensan constantemente y esperan que tal vez… tal vez… tal vez haya algo bueno que suceda. Tal vez ellos consigan un visitante, tal vez el abogado tenga buenas noticias … tal vez … Cada uno de nosotros piensa que tal vez … tal vez hoy reciba una llamada especial, o conozca a alguien o encuentre algo especial o gane algo … tal vez … .

Pero la realidad es que no sólo las cosas buenas no suceden como nos gustaría, pero muchas veces, cosas malas suceden! Y pensamos: “Si Dios es bueno, ¿por qué El no hace cosas buenas todo el tiempo?” Pero  sabes qué? Déjeme decirle algo profundo amigo. Por favor, intente realmente pensar en este. Algo bueno YA sucede. Aunque fue hace mucho tiempo, fue tan bueno, tan fenomenal, que este cosa podría ser el bueno, para cada uno de nosotros para todas las generaciones para todos los tiempos.

Un Padre, envió a su Hijo que dio su vida al mundo. Jesús cargó nuestro pecado, fue crucificado y resucitado de los muertos, conquistando la muerte de una vez por todas. Este obra, este acto era tan cierto, tan perfecto y tan bueno que es el único acto que siempre necesitamos. No necesitamos una “buena experiencia”, sino creer en lo que Jesús experimentó hace 2000 años en una cruz en una colina llamada calvario.

“Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rm.5: 8). Acción continua, Él “demuestra su PROPIO AMOR”. Ahora eso es tan bueno. El mundo está lleno de sufrimiento e injusticia porque pertenece al diablo (1 Juan 5: 19). Es por eso que muchas cosas malas suceden. Pero el bien que Dios hizo es tan grande, si crees en él, Su obra será su “algo bueno” para siempre. En realidad, tu enfoque cambiará para preocuparte por los demás y ahora va a elegir ser “algo bueno” para otra persona.

Imagínete si  gastarías mucho dinero y dio a un niño un regalo grande, sin motivo. Digamos un potro, un perrito o una bicicleta, lo que sea lo mejor que el niño podría imaginar. Entonces, digamos que unos días después, el niño pidió otra cosa, entonces otra cosa la próxima semana, y luego otra cosa. Y si tu constantemente le dio al niño cualquier cosa, el niño rápidamente olvidaría el regalo original y precioso que tu le dio y eso se convertiría, como nada. El regalo que el Padre nos dio cuando Él nos dio Su hijo, fue tan grande, tan bueno y tan final, que nada más es necesario.

Entonces, dejas de esperar por algo bueno suceder, porque ya lo has hecho. En vez de eso, apliquemos nuestros ojos en Jesús, el Buen Pastor.

“Yo le digo al Señor:” Tú eres mi Señor, además de ti no tengo nada bueno (Sal. 16: 2)